All you need is hate (volumen 2)
Odio la primavera, pero especialmente las noches de primavera. Odio la forma en que las tres mantas de mi cama olvidan su función de calentar tan acogedora de primera hora de la noche, para abrasar mi piel y pegarse a ella de la forma mas incomoda posible, la cantidad de vueltas que doy para intentar encontrar un mísero soplo de aire que alivie aunque sea por unos breves segundos las horas restantes de las restantes noches del resto de mi vida.
Odio la falta de tiempo libre. Odio los días plenos que en realidad no hacen mas que disimular los días vacíos. Odio no tener tiempo de pensar lo vacía que es mi vida, o fingir que no tengo tiempo con actividades absurdas aun más vacías que yo.
Odio a la gente que sabe hacia adonde va, odio saber que evito pensar en ello. Como consecuencia odio las estaciones de trenes, la gente corriendo como si con el tren se escapase su vida, las vías atestadas, la falta de aire, la falta de espíritu. Odio encontrarme con el guitarrista de los pectorales y que me grite desde el otro anden: “Ey, Al, a ver cuando quedamos como antes” ¿cómo antes de que?
Odio estar aquí pero también sé que odiaría estar en cualquier otro sitio en este determinado momento. Sé que odiaría estar ahora mismo de camino a ti, sé que odiaría estar ahora mismo tumbada en mi inmensa cama de pueblo, contemplando mis inmensas paredes de pueblo, escuchando mi maravillosa mini cadena de pueblo.
Odio a la gente que te mira fijamente y aparta la mirada cuando le sigues el juego y se la mantienes, esa gente que te mira por no mirarse a sí misma. Odio ser de esa clase pero no tener agallas para mirar fijamente, solo de reojo.
Odio estar quieta, pero también permanecer en movimiento, porque se que de ninguna de las dos formas llegare a ningún lado.
Te odio a ti.